sábado, enero 16, 2010

Corramos con Fe y Paciencia

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:1-2 RV60)

La vida cristiana es una carrera de resistencia que se corre por medio de la fe en Jesús.

Él es quien produce en nosotros la fe necesaria para resistir las pruebas y para mantener la vista puesta en el objetivo.

Todo corredor que se distrae en la ruta hacia la meta, está cediendo a sus adversarios una ventaja muy difícil de recuperar. Del mismo modo, cuando los cristianos nos distraemos de los propósitos de Dios y de su voluntad, comenzamos a ceder un terreno que ni siquiera es nuestro, entregamos parte de nuestra vida para ser gastada en actividades que no aprovechan nada para el reino de Dios.

Es fácil bajar la guardia, perder el ritmo y comenzar a agotarse cuando dejamos de concentrarnos en la meta, en Jesús; en estas condiciones, nos agobiamos, perdemos la esperanza cuando vemos el avance de otros y lo comparamos con nuestro estancamiento.

Ante esas circunstancias, Dios ha prometido que obrará en nosotros y completará la obra transformadora que ha iniciado en nuestra vida, por lo tanto, no debemos extrañarnos de su intervención divina en diversas formas.

Algunas veces Dios nos llamará suavemente la atención para captar de nuevo nuestra mirada y concentración. En otras ocasiones, su voz será más fuerte y su llamado más enérgico. Lo difícil no es que Dios nos hable, el problema se presenta cuando hacemos oídos sordos a sus palabras y decidimos continuar en nuestras distracciones que sólo nos desvían del camino que Él ha trazado.

Pero además de las distracciones externas que el mundo nos regala con sus atractivos y capacidad seductora, es fácil perder el rumbo cuando corremos cargando más peso del necesario. A veces acarreamos en nuestra espalda la culpa, la ansiedad, el temor, la enfermedad, la falta de perdón, el odio, la envidia, el resentimiento contra otros o contra Dios y a veces contra nosotros mismos.

Es indispensable que depositemos toda carga en manos de Jesucristo. Sólo Él puede con ella. Nuestra insistencia en llevar peso extra, le indica a Dios que no lo creemos capaz de llevar la carga y que creemos que no quiere ayudarnos conociendo su promesa expresa de darnos descanso: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11:28-30 RV60).

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. (Filipenses 3:12-15 RV60).

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