sábado, enero 09, 2010

Dios cumplirá su propósito en Ti

Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos. (Salmos 138:8)

No hay persona en este mundo que haya nacido sin un propósito específico. Todo cristiano ha visto la luz de este mundo en su nacimiento como criatura de Dios, pero ha visto la luz de Cristo en su nacimiento en la Fe como hijo de Dios; como sabemos, Él ha preparado las obras y el camino que hemos de recorrer para cumplir ese propósito.

¿Te has preguntado alguna vez, tal como se preguntaban los discípulos de Jesús, qué debemos de hacer para poner en práctica las obras de Dios?... el Señor es claro y contundente: Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. (Juan 6:29 RV60).

Nuestras obras antes de Cristo no son más que deseos de encontrar propósito a nuestra existencia, normalmente motivadas por la necesidad de encontrar una razón para vivir, por lo mismo que buscamos ansiosamente ser alguien a través de hacer algo de valor para quien pueda apreciarlo.

Lo interesante de esto es la escala que usamos para valorar lo que hacemos. La medida de éxito en el reino del consumo es tener la capacidad de adquirir muchas cosas caras, la medida de éxito en la política es el poder y la autoridad de gobernar, a veces sin importar el costo, la medida de éxito en el mundo académico es el número de maestrías, doctorados y premios que podemos obtener… y así sucesivamente, en cada reino, los valores son específicos y por regla general fundados en el grado de satisfacción que obtenemos por practicarlos. En el reino de Dios, bajo el gobierno de Dios, el valor de las obras reside en Cristo. Sólo las obras que proceden de la Fe en Jesús y para la Fe, creyendo en su gracia salvadora son visibles y meritorias delante de Dios.

En la perspectiva divina, el mayor mérito que tenemos es cuando permitimos a Dios actuar en nosotros, sin estorbarle, para que pueda transformarnos, moldeándonos con amor a la imagen de Jesús.

La obra que Dios hace en nosotros da como resultado las obras que Dios hace a través de nosotros, tal y como Él las ha preparado para que cumplamos nuestro propósito de vida.

Esto implica que sólo acercándonos a Dios para escucharle podemos conocer de primera mano lo que Él ha destinado para que realicemos. Cada cristiano ha sido perfectamente equipado por Dios con talentos y dones que le otorgan la capacidad necesaria y suficiente para desarrollar una vida plena.

Cuando buscamos el rostro de Dios la felicidad viene como una consecuencia inevitable, cuando sólo buscamos la felicidad es inevitable perder el rumbo y encontrar satisfacciones temporales que tarde o temprano se agotan y pierden valor, dejando un vacío mayor cada vez.

Sólo en Jesús se encuentra la plenitud y el propósito real de existir…Él es la Vida.

Cuando Cristo sea levantado y la imagen de Cristo se vea en cada uno de nosotros, entonces y sólo entonces Él atraerá a través nuestro a quienes han de ser sus discípulos, sus seguidores, sus hijos.

¿Te puedes imaginar una satisfacción mayor que ver el rostro de Dios agradado porque puedes rendirte y rendir cuentas como Jesús?..

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. (Juan 17:1-4RV 60).

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