sábado, abril 10, 2010

El Corredor de la Muerte

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Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. (Juan 12:23-26 RV 60)

Qué difícil es para un condenado a muerte caminar desde su celda hasta la habitación donde entregará su vida. Posiblemente es el recorrido más largo, tortuoso y terrible que un ser humano puede pasar.

Para los cristianos, Dios ha diseñado un mejor camino que también conduce a la muerte, pero a la muerte del egoísmo, del bien conocido YO, que quiere ocupar el trono y gobernar nuestra vida, en lugar de permitir a nuestro Dios reinar y conducir nuestro destino.

La escritura nos muestra que hemos de pasar por un proceso de crecimiento y edificación espirituales, donde la primera estación, después de aceptar la gracia de Dios por haber recibido a Jesús como Señor y Salvador de nuestra vida, consiste en menguar, en reducir la tendencia a tomar decisiones basadas en nuestros propios criterios para permitir a Cristo, mediante su Santo Espíritu, guiarnos a toda verdad.

Como en todo cambio, experimentaremos una reacción contraria: la directa oposición de nuestras emociones, sentimientos o razonamientos porque es difícil cederle el control a Jesucristo… pero bien lo dijo Juan el que bautizaba: Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.(Juan 3:30 RV60).

La segunda estación implica un mejor grado de conciencia de la obra de Dios para transformarnos: Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. (Lucas 9:23-24 RV60).

Negarse requiere de la convicción de preferir siempre (sin excepción) la opción que Dios me ofrece para cada decisión que puedo tomar, por encima de cualquier otra opción que venga de mi mente, de las demás personas o del mismísimo Satanás. Negarse es tomar conciencia de nuestra posición en la cruz, juntamente con Cristo, es saber que nuestra humanidad ha sido crucificada con el propósito de llevarla a la muerte porque de ella sólo podemos obtener corrupción y no verdadera vida.

Si logramos avanzar, sin bajarnos de la cruz, bien podemos llegar a la tercera estación, comprendiendo que necesitamos reconocer, en lo más íntimo de nuestro ser, que desde la aceptación de Cristo en nuestro corazón, estamos muertos al pecado y vivos para Dios: Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 6:7-11 RV60).

La glorificación tuya, mía y de todo hijo de Dios, requiere de reconocer la muerte de nuestro YO en la cruz y de vivir por nuestra resurrección en Cristo, y si bien esto se consumará totalmente al vernos cara a cara en el cielo con el Señor, es necesario pasar por el proceso y que desechemos la esclavitud del pecado de nuestra vida  actual, sabiendo que el Señor Jesús clavó en la cruz y anuló con ello, el acta de los decretos que había en nuestra contra, abriéndonos las puertas del cielo para siempre, porque así le plació hacerlo… Gracias Señor, ven pronto, Amén.

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