sábado, junio 05, 2010

Una relación libre…

Dios venció a todos los poderes y fuerzas espirituales a través de la cruz, desarmándolos y obligándolos a desfilar derrotados ante el mundo. Por eso les digo: no permitan que nadie les diga lo que tienen que comer o beber. Tampoco se sientan obligados a celebrar las festividades judías: fiestas de guardar, celebración de luna nueva o días de descanso. Esas son cosas del pasado, imágenes borrosas de lo que estaba por venir. Pero ahora, tenemos a Cristo que es la realidad. (Colosenses 2:14-17 PDT).

Jesucristo nos ha dado la libertad completa de toda exigencia y opresión religiosa, por ello, los cristianos declaramos con mucha frecuencia que no tenemos una religión sino una relación con Dios por medio de la gracia.

Entre los que hemos aceptado el señorío y salvación que Jesucristo nos ha otorgado, se ha generalizado un concepto acerca de la religiosidad sumamente negativo, por cuanto representa solamente un conjunto de exigencias conductuales conforme a la ley que sólo se fijan en el comportamiento exterior, en el cumplimiento de normas y no en la transformación de la mente y de las intenciones del corazón.

Las implicaciones de un cambio exterior en la conducta, sin una verdadera renovación del entendimiento, solamente produce brotes temporales de satisfacción por haber cumplido con los preceptos, mas sin embargo, genera frustración cuando por alguna razón se deja de cumplir.

La amistad con las personas no puede forzarse; la amistad con Dios tampoco puede desarrollarse sin poner la voluntad al servicio de la voluntad de Dios, y es que Él define la amistad como la disposición de poner la vida por el amigo. Esto significa que hemos de entregar enteramente nuestra vida a Cristo para ser cambiada…

No se trata de una reparación de nuestro yo interior, se trata de morir completamente a nuestros deseos y pretensiones humanas, permitiendo a Jesucristo actuar libremente a través de nuestra vida. Sólo cambiar de conducta sin adoptar la mente de Cristo es un esfuerzo vano y destinado al fracaso… es una mala imitación de la vida de Jesús.

Sólo Jesús puede vivir la vida de Jesús, y Él la quiere vivir a través de cada uno de nosotros, cambiando nuestro corazón por un corazón nuevo, renovando nuestro entendimiento para que comprendamos la voluntad de Dios, llegando a tener una comunión tal que seamos uno con Él y con el Padre a través de su Espíritu Santo.

Sólo Dios tiene el derecho de juzgar, por lo que no estamos obligados a aceptar las imposiciones religiosas que obligan a vestirse de tal o cual forma, a comer o no comer determinados alimentos, guardar o no determinados días, etc. Ni siquiera el ayuno, realizado como sacrificio para expiación tiene mérito, ya que Jesús hizo ya el sacrificio supremo y nada podemos agregar de valor a su muerte y resurrección.

Jesús es suficiente, Él es nuestra realidad, nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida, toda la creación depende sólo de Él.

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