sábado, septiembre 11, 2010

Amar como Él ama

Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:27-31, RV60)

La gracia de Dios, otorgada por amor a nosotros, sus hijos, nos capacita para ejercer el verdadero amor, el amor de Cristo de manera integral y sin excusas.

El amor ha tenido miles de definiciones e interpretaciones que se quedan pálidas, huecas y vacías ante la experimentación real de la presencia de Dios en nuestra vida.

El que ha experimentado el único amor real, el amor de Dios, sabe que sin Jesucristo es imposible amar, sabe que Él es la vid verdadera de la que nos nutrimos los creyentes y sólo mediante su Santo Espíritu podemos dar un fruto digno.

No existe mejor definición de amor que la que encontramos en la escritura… En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. (1Juan 4:10, RV60).

Amar es la decisión consciente de permanecer en Cristo manifestando a todos Su amor, Su entrega, Su gracia, Su evangelio y Su presencia eterna.

Sólo es posible amar al enemigo si verdaderamente permanecemos en Cristo. Lo contrario al amor no es el odio, lo que más se le opone es el egoísmo que en su grado extremo es egolatría, la forma más despreciable de idolatría.

El amor no es pasivo, no basta con no hacerle mal a nadie, lo importante del amor es que nos transforma y capacita para hacer el bien a todos, incluso a los que nos aborrecen, a los que nos dañan, a los que nos odian o simplemente a los que les somos indiferentes.

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (Romanos 12:17-19, RV60).

Cristo pagó ya por todos los pecados de toda la humanidad… y Dios ya los perdonó, ¿Quiénes somos nosotros para no perdonar lo que Dios ya perdonó?

Si la deuda de los pecados de nuestros enemigos ha sido saldada por la preciosa sangre de nuestro Señor Jesucristo, ningún cristiano, que acepta la verdad y el valor del sacrificio de Jesús, tiene entonces derecho a reclamar una retribución o venganza puesto que ya no hay deuda!... por ello, es posible amar a los que han pecado en contra nuestra, perdonándolos, procurándoles bien, orando por su liberación de las cadenas del mal mediante su aceptación de la Gracia de Dios en Cristo.

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