sábado, septiembre 18, 2010

¿Te enojas?

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. (Efesios 4:26-27, RV60)

La ira es esa emoción que Dios permite en cada persona, que actúa como un aviso de alarma para que podamos ver y hacer ver nuestro descontento con respecto a algo o alguien.

La ira sin control puede degenerar en un momento de locura donde el dominio personal se pierde y el enojo toma posesión de nuestra voluntad, haciéndonos tomar decisiones y realizar acciones que de otra forma jamás llevaríamos a la práctica.

Enojarse no es malo, pero ceder el dominio de nuestra voluntad al enojo es un gravísimo error.

La Biblia afirma que es típico del necio, del falto de sabiduría, dejarse llevar y actuar imprudentemente ante las provocaciones o insultos: El necio al punto da a conocer su ira, mas el que no hace caso de la injuria es prudente. (Proverbios 12:16, RV60).

El control sobre el enojo es un atributo del fruto del Espíritu, es un ejercicio constante de paciencia que fortalece el dominio propio y demuestra una relación sólida con el Señor: El que tarda en airarse es grande de entendimiento, mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad. (Proverbios 14:29, RV60).

El carácter puede ser deformado y marcado por esa continua carencia de control sobre el enojo, a tal grado de encasillarnos en una falsa identidad indeseable: El hombre iracundo levanta contiendas, Y el furioso muchas veces peca. (Proverbios 29:22, RV60). Es fácil convertirse en el buscapleitos, el bravo, el ogro… aquél que se identifica por su mal carácter y con quien nadie soporta estar.

Una relación firme y sustantiva con Dios, produce en nosotros el fruto necesario que nos impulsa sujetar las emociones y los sentimientos al espíritu, mediante una constante paz, que mantiene nuestra alma estable y tranquila en toda circunstancia y a pesar del daño y las ofensas que provengan de los demás.

Ciertamente el enojo es un aviso, para que echemos mano de todas las herramientas que Dios ha puesto a nuestra disposición para mostrar el amor de Cristo ante la provocación.

Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad. (Proverbios 16:32, RV60).

La fuerza real, la del carácter, se muestra en el dominio efectivo de las emociones, y sentimientos, sujetándolos al espíritu. Esto sólo es posible cuando, menguando nuestro carácter, hemos permitido a Cristo crecer en nosotros manifestando su vida.

El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males. (Proverbios 19:19, RV60).

Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda. (Proverbios 21:19, RV60).

No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos, No sea que aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma. (Proverbios 22:24-25, RV60).

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