sábado, octubre 09, 2010

Permaneciendo en El

El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. (1Juan 2:4-6, RV60)

Jesús es el camino, la verdad y la vida, por lo tanto, permanecer en Él, significa caminar por su senda como Él anduvo, manteniéndose fiel a la verdad y dependiendo en toda su vida del Padre.

Es fácil decir y entender que Dios quiere que hagamos su voluntad, lo que muchas veces pasamos por alto es que no basta sólo con hacer lo que Dios quiere, sino que es igualmente importante hacerlo como Él lo ha indicado.

La voluntad de Dios no sólo determina qué hacer sino cómo hacerlo. Es aquí donde el que vive conforme al corazón de Dios se distingue del que vive por la letra de la ley y del que vive sin ley.

Dios no abolió su ley, Él no ha cambiado, Jesús mismo afirmó: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. (Mateo 5:17-18, RV60).

Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre cumplir la ley y obrar por fe en la gracia de Dios?

La diferencia reside en el cambio que Jesús obra por su gracia en el corazón de cada cristiano.

El que sigue una religión obra por obligación, para cumplir con normas y preceptos. Los que seguimos a Jesús actuamos impulsados por el amor a Cristo y en agradecimiento por el regalo de la salvación que él pagó con su vida.

Sólo el amor de Cristo puede transformar nuestro corazón de modo que acatemos los mandamientos de Dios por amor y agradecimiento, comprendiendo que son la expresión de lo que es bueno, agradable y perfecto.

Actuar en nuestro propio criterio, sin la guía perfecta de Dios, apartándonos del camino que Él ha construido con amor para que no tropecemos, significa sufrir las consecuencias y enfrentar situaciones para las que por lo general no estamos preparados.

La libertad en Cristo no sólo nos permite decidir por un camino u otro, nos muestra cuál es el camino que Dios ofrece para una vida plena, abundante y llena de su amor.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. (Juan 15:7-12, RV60)

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