sábado, febrero 05, 2011

Permanencia en Cristo

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. (Gálatas 5:22-24, RV60)

Mucho hemos escuchado que es necesario “permanecer en Cristo”, que hemos de “andar en el espíritu” y efectivamente la Biblia así nos lo indica; pero, en la práctica ¿qué significado tienen estas frases?

Solamente quien recurre a Dios como el primer y único recurso para guiar su vida puede verdaderamente ejercer, en su caminar diario la voluntad de Dios. Cuando cada pensamiento es sometido al escrutinio del Espíritu Santo y tomamos la decisión consciente de acatar su veredicto para tomar las decisiones que dependen de ello, podemos decir que “andamos” en el camino que Dios nos ha trazado.

La vida está compuesta de una serie de momentos y cada momento implica una decisión. Siempre tenemos la libertad de decidirnos por una u otra opción que se nos presenta. Lo importante para el cristiano, es tener la absoluta claridad de la ruta que es parte del plan de Dios.

El plan de Dios no es tampoco una abstracción sin forma ni rumbo, por el contrario, Dios no deja nada al azar, Él preparó de antemano todo aquello en que obtendremos el máximo rendimiento espiritual si lo realizamos en obediencia, agradecimiento y amor.

Estar conscientes permanentemente del amor de Dios, es el aliento de vida que necesitamos para que fructifique nuestra existencia con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

Sabemos que todo lo podemos hacer cuando permanecemos en Cristo, sabemos que sin Él, nada (que valga la pena en el reino de Dios) se puede hacer, sabemos que si llevamos todo pensamiento a la obediencia de Cristo derribamos las fortalezas que nos impiden conocerle y sabemos que si conocemos a Cristo, conocemos al Padre.

Jesús vino a dar testimonio del amor de Dios hacia nosotros, a entregarnos de manera personal e individual ese amor, para que nosotros tengamos la capacidad de entregarnos y entregar ese amor por cada ser humano que en este mundo necesita de Dios.

Él está empeñado en restaurar en cada cristiano la imagen viva de Jesús, su carácter, su mente, su obediencia y dependencia total de sí para extender, a través de nuestro testimonio, todas las bendiciones espirituales, que sólo pueden proceder del mismo Dios, a cuanta persona se cruza en nuestra vida.

Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. (1Juan 5:9-13, RV60)

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