sábado, enero 15, 2011

Saliendo del anonimato

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:10, RV60a).

Lo más triste que puede pasarle a una persona es pasar por esta vida sin encontrar el propósito por el cual Dios le otorgó el privilegio de nacer y vivir.

Dios quiere que busquemos ese propósito y lo realicemos, y Él está dispuesto a enterarnos cuanto antes: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. (Jeremías 33:3, RV60). Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. (Isaías 65:24, RV60).

El Señor se tomó el trabajo de escribir la guía fundamental para que vivamos y alcancemos los objetivos que sustentan nuestra existencia: Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (1Juan 5:13-14, RV60).

Sabemos por lo escritura misma que el que busca encuentra y que el que pide recibe, en tanto se mantenga dentro de los límites que impone la voluntad de Dios. Para el cristiano genuino, vivir conforme al propósito de Dios es una necesidad que viene de lo más profundo de nuestro ser.

Dios nos ha equipado con toda bendición espiritual, juntamente con los talentos y dones que cada uno requerirá, sabiendo que todas las cosas nos ayudarán a bien, para realizar los objetivos de nuestro llamado personal.

Sería horriblemente triste no ser más que un “fulano”, un “anónimo” que no dejó huella con su vida en la vida de nadie más, simplemente porque no buscó el camino que Dios le había preparado con tanto amor. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. (Efesios 5:14-17, RV60).

Ni tú ni yo nacimos por accidente o por capricho, ni siquiera por decisión de nuestros padres; nacimos porque Dios decidió otorgarnos el privilegio de existir para regalarnos una vida colmada de su propio ser, dejando de ser simples criaturas y adoptarnos como hijos, por medio de la fe en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, para que, en todo lo que somos y hacemos, sea Dios glorificado.

¡Ay del que contiende con su Hacedor, Como tiesto entre los tiestos de barro! ¿Dirá el barro al alfarero: Qué haces, o: Tu vasija no tiene asas? ¡Ay del que le dice al padre: ¿Por qué engendras?, o a la mujer: ¿Por qué das a luz? Así dice YHVH, el Santo de Israel, su Formador: ¿Me pediréis cuenta de mis hijos, Me daréis órdenes de la obra de mis manos? Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre. Yo extendí los cielos con mis propias manos, Y Yo soy el que da órdenes a todo su ejército. Yo lo he suscitado para la victoria, y allanaré todos sus caminos; Él reconstruirá mi ciudad, y libertará a mis desterrados, Sin precio ni soborno, dice YHVH Sebaot. (Isaías 45:9-13, BTX).

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