miércoles, septiembre 13, 2006

Influir para transformar...

¡Bienaventurados los que habitan en tu casa! Continuamente te alabarán. (Selah) ¡Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, y en cuyo corazón están tus caminos! Cuando pasan por el valle de lágrimas, lo convierten en manantial. También la lluvia temprana lo cubre de bendición. Irán de poder en poder, y verán a Dios en Sion. (Salmos 84:4-7 RVA89)

Habitar en la casa de Dios nos lleva a permanecer nuestro día entero en relación franca con el Espíritu Santo. ¿Suena esto demasiado esotérico o ilusorio?... la verdad es que es una actitud del corazón, es una manifestación de nuestro amor por Jesús.

¿No es acaso muy fácil ser cariñoso y cuidar nuestras palabras y acciones frente a un bebé o a un niño pequeño?... es que estamos condicionados a tratar con suavidad a los bebés, a dar buen ejemplo a los niños, es una conducta aprendida y desarrollada a través del tiempo.

¿Queremos actuar conforme a la voluntad de Dios?, sólo debemos desarrollar una costumbre de depender de Él, basados en una realidad simple: Él no sólo nos conoce mejor que nosotros mismos, nos ama más que lo que nosotros mismos somos capaces de amarnos. Muchas veces hemos escuchado que no hay nada que podamos hacer para que Dios nos ame más, y tampoco podemos hacer nada para que nos ame menos... Él es AMOR.

Pero el amor de Dios va más allá, depender de Él nos hace transformar nuestro entorno volviendo sequedales en manantiales. Influimos en los demás a través de nuestra actitud sencilla de amor, de paz interior y de confianza en Dios.

Para hoy...

Haga una acción inesperada que muestre su amor por Jesús en su trabajo... bendiga a una persona, felicite a un compañero, consuele a quien se halle desesperado, acérquese con el amor de Cristo a cualquiera (todos lo necesitamos).... y deléitese en el resultado !!!!

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