sábado, mayo 29, 2010

Nuestro sustento diario

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;(Colosenses 1:15-17 RV60).

Jesucristo, es el principio y el fin, el sustento de toda la creación. Los seres humanos estamos acostumbrados a despertar cada mañana y a llenar el tiempo de nuestro día con una serie de actividades programadas que a lo largo de nuestra existencia se convierten en una rutina adormecedora.

Muchas personas viven por inercia, por el impulso que viene de la costumbre de hacer lo que sea que cada quien hace.

Sin embargo, los que hemos nacido de Dios hemos sido llamados a ser llenos de sabiduría e inteligencia espiritual, mediante la cual podemos tener conocimiento y conciencia de la voluntad (buena, agradable y perfecta) de Dios, lo cual tiene un propósito sencillo y profundo: obrar sin riesgo para edificar nuestro futuro diseñado por el creador de todas las cosas para elevar nuestro estándar de vida, a la altura de la dignidad de un hijo de Dios.

Puesto que Dios nos concibió en su mente, nos diseñó y nos creó conforme a su propio criterio y propósitos, resulta lógico pensar que el aprendizaje de su voluntad es el medio óptimo para desarrollar el carácter que somos capaces de alcanzar.

Ese carácter sólo puede llegar a su máximo potencial cuando renovamos nuestro entendimiento y nuestros valores.

La vida rutinaria, adormecedora, produce mediocridad y la incapacidad de alcanzar la plenitud que Dios desea darnos.

La forma de tener la máxima realización como personas es descubrir el camino que Dios ha definido para cada uno. Esto no se puede hacer sin conocerlo, y conocerlo requiere mantener una relación personal con nuestro Dios.

Jesús abrió, con su vida, su muerte y su resurrección, el único camino para conocer personalmente a Dios en calidad de amigos, destruyendo todos los obstáculos que existían para acercarnos al Padre.

Jesús nos quiere presentar al Padre como su tesoro especial, por lo cual Él es quien culminará la obra de perfeccionamiento que ha comenzado de forma personal con cada uno de nosotros.

Tenemos la garantía de parte del que sostiene la vida en este planeta, que Él no descansará hasta llevarnos a su imagen y semejanza. Esto no es una obra cualquiera, es un proyecto divino, requiere de construir en cada uno de nosotros el carácter de Jesús, la capacidad de dar fruto por su Espíritu.

Cada uno de nosotros es un proyecto individual en el que Cristo viene trabajando desde antes de crear el mundo. Ninguno de nosotros es un accidente de la naturaleza o producto de la suerte…

Es bueno despertar cada mañana a un día nuevo y diferente, conociendo el propósito de Dios en nuestra vida para ese día particular… y agradecerle, desde lo más profundo de nuestro ser, por regalarnos y sostener cada día esa vida abundante que sólo se puede vivir cuando Él ordena nuestros pasos.

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efesios 2:10 RV60)estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; (Filipenses 1:6 RV60).

Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hechos 13:19-20).

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